Medios blindados en la Guerra Civil

Carlos A. Pérez
Este artículo apareció en el boletín El Miliciano, nrs. 4 y 5 (1995 y 1996)

 

En julio de 1936, los ingenios acorazados existentes en España eran insignificantes. Se trataba de anticuados vehículos que no habían conseguido convencer –como en la mayoría de países europeos– a las autoridades militares y civiles a cerca de las posibilidades que su utilización abría en el campo militar.

 

Estos medios blindados se limitaban a diez carros ligeros Renault FT-17, encuadrados en los dos Regimientos Ligeros de Carros de Combate creados en 1931 mediante la reforma militar de Azaña. Estacionados en Madrid (el nº 1) y Zaragoza (nº 2), cada una de estas unidades disponía de cinco carros. En el Parque de Artillería de Madrid y en lamentable estado de conservación, se encontraban cuatro carros de asalto Schneider CA-1. Tres prototipos del carro español Trubia modelo 1936 estaban en el Regimiento de Infantería nº32 "Milán" ubicado en Oviedo y un cuarto tanque de este modelo y otros dos Landesa 1934 se situaban en la Fábrica Nacional de Trubia, Asturias. Diferentes acuartelamientos esparcidos por todo el país contaban con no más de una docena de Camiones Protegidos modelo 1921, y hasta 48 autoametralladoras blindadas Bilbao se encuadraban entre el Grupo de Autoametralladoras-Cañón, perteneciente a la División de Caballería, y los diversos grupos de la Guardia de Asalto republicana. De este total de casi ochenta blindados, unos sesenta (cinco Renault FT-17, cuatro Schneider CA-1, un Trubia, los dos Landesa, cuarenta y un Bilbao y algo más de media docena de camiones protegidos) quedaron en manos de las tropas gubernamentales y el resto fueron a parar a las fuerzas sublevadas.

 

 

En el ejército español

 

La mayoría de estos vehículos blindados tienen sus orígenes en las campañas marroquíes de la década de los años 20, cuando el ejército español adquirió y utilizó sus primeros ingenios acorazados.

 

Fue en 1910, cuando una Comisión de Experiencias de Artillería compró a Francia un Camión Protegido Schneider, al que le siguió, un año más tarde, un segundo ejemplar. En 1912, el primero de ellos era encuadrado en la Brigada Automovilista con destino en Melilla. Se trataba de un camión que tenía como función la de remolcar las piezas de artillería y transportar a la correspondiente dotación. La firma francesa eligió el chasis de los autobuses parisinos, al que le añadió chapas de acero con cinco centímetros de espesor. Montaba un motor de 40 Hp, que le proporcionaba una velocidad de 35 kilómetros y una autonomía de 75. Probado durante años en el Protectorado marroquí y ante la experiencia obtenida, en 1921, el Ejército montó sobre tres automóviles Landa hasta dos toneladas de planchas de acero. Transportados a Melilla, se demostraron como un intento fallido y fueron retirados del servicio.

 

Al mismo tiempo, el Arma de Ingenieros, decidió equipar a diferentes chasis de camiones existentes unas planchas de siete milímetros de cromo-níquel, con objeto de disponer de más Camiones Protegidos. Llegaron los dos primeros a Melilla en el verano de 1921 y entraron inmediatamente en acción. Sus destacadas actuaciones entre agosto de 1921 y septiembre de 1924, les valieron la Medalla Militar Colectiva con fecha de septiembre de 1925. Se llegaron a construir hasta 31 de estos camiones protegidos, la mayoría sobre el chasis del camión Latil, que iban todos pintados de gris, disponían de media docena de aspilleras desde las que su tripulación hacer fuego y algún ejemplar contó con torres armadas con ametralladoras Hotchkiss de 7 mm. En 1931, quedaban en servicio trece de estos vehículos en Ceuta, diez en Melilla y cuatro en Larache. Sus posteriores averías los fueron arrinconando en diferentes Parques de Artillería peninsulares.

 

Acabada la Gran Guerra, en 1919, el Ejército adquirió un carro Renault FT-17 (por el precio de 46.736 pesetas y 27 céntimos) que sirvió para someterlo a diferentes pruebas. Este modelo de carro de combate tenía su origen en Francia, en diciembre de 1916, cuando el coronel Jean-Baptiste Estienne y el fabricante de automóviles Louis Renault presentaron su modelo de carro ligero, que en apoyo de la infantería, sirviese para romper las líneas atrincheradas enemigas. En abril de 1917, se autorizaba la fabricación de mil ejemplares del Char Faible Tonnage Modelle 1917, que tuvieron su bautismo de fuego el 31 de mayo de 1918 en Villers-Cotterets.

 

Como consecuencia de los buenos resultados obtenidos en aquellas pruebas, el ejército español adquirió otros once de estos carros armados con ametralladoras en 1922, con los cuales formó una compañía que en marzo de ese mismo año marchaba a Marruecos. Posteriormente, para reponer bajas y crear una tercera sección de la compañía, con vistas a su participación en el desembarco de Alhucemas, se compraron otros seis carros. Sus actuaciones bascularon entre la brillantez y el fracaso, como lo demuestra el hecho de que al poco de desembarcar en Melilla, y tras su primera y desafortunada acción de guerra en la que se perdieron dos carros, cayera en desgracia para los mandos militares. Posteriormente, se convirtieron en elemento casi imprescindible en las diferentes operaciones y participaron en la que puso punto final a la rebelión rifeña, la acción de la bahía de Alhucemas. En 1926, esta compañía abandonó el Protectorado y en mayo de 1931, el anterior Grupo de Carros de Asalto, se transformaba en sendos Regimientos Ligeros de Carros de Combate. Estas dos unidades se organizaban mediante una plantilla de paz, por la que debían contar con 67 carros agrupados en dos batallones. La plantilla de guerra elevaba el total de carros FT-17 hasta los 159. La realidad, en julio del 36, reflejaba como entre los dos regimientos, los carros disponibles eran sólo diez.

 

Al mismo tiempo que se compraban los carros FT-17, llegaban seis carros de asalto Schneider CA-1, también galos, con los que se formó una Batería que acompañó a los tanques Renault en su viaje a Marruecos, en marzo de 1922. El origen de este diseño también se encuentra en Francia, en los trabajos del coronel Estienne que perseguían la consecución de unos vehículos acorazados capaces de romper el estancamiento del frente occidental durante la Primera Guerra Mundial. En abril de 1916, en Berry-au-Bac, más de un centenar de estos carros de asalto atacaban las líneas alemanas para sufrir un estrepitoso fracaso.

 

Los CA-1 españoles, se integraron en la Comandancia de Melilla, y desde un principio tomaron parte en las diferentes acciones de guerra. Las que se desarrollaron en la zona de Tafersit entre mayo y junio de 1923, le valieron la Medalla Militar Colectiva. Aunque los mandos militares esperaban poder constituir un Regimiento de Artillería de Asalto compuesto por nueve baterías como la citada, sólo ésta tuvo existencia real. Permaneció en Marruecos hasta 1929, fecha en la que fue trasladada a Madrid. Allí se encontraban, en estado de semiabandono, cuando estalló el alzamiento militar.

 

Los restantes seis carros que existían en julio del 36 eran prototipos de diseños españoles. En 1926, se iniciaba en la Fábrica Nacional de Trubia el proyecto de diseño y construcción del primer carro de combate español, fruto de las experiencias obtenidas de los ya existentes. Este Carro Ligero de Combate para Infantería Modelo Trubia 75 Hp, tiro rápido, serie A, dispondría de una torreta de dos cuerpos con giro independiente armados con sendas ametralladoras de 7 mm, además de otra situada en la parte frontal y alcanzaba los 19 km/h. Pesaba casi nueve toneladas, su tripulación era de tres personas y el blindaje de 20 mm. Tras las iniciales pruebas, el desarrollo de este modelo se evidenció muy lento ya que en 1935 se completaba el último de los prototipos. Tres de ellos fueron enviados al regimiento de infantería con guarnición en Oviedo, en donde se encontraban en julio del 36. El restante, permanecía en la Fábrica Nacional de Trubia, junto con dos tractores de artillería Landesa. De este último blindado, un tractor para artillería, existen escasos datos.

 

El último tipo de vehículos blindados que existían en 1936, era el Autoametralladora Blindado Bilbao Modelo 1932. Al contrario que los anteriores, de este moderno vehículo existían 48 ejemplares repartidos por toda la geografía nacional. Diseñado en la Sociedad Española de Construcción Naval de Sestao, sus creadores escogieron el chasis del camión comercial Ford V8 Modelo 1930 que se fabricaba en Barcelona. El armazón blindado quedaba coronado por una torreta cilíndrica que montaba la reglamentaria ametralladora Hotchkiss Modelo 1924 de 7 milímetros. Su peso era de casi cinco toneladas y su tripulación constaba de Jefe, tirador y conductor. Además, podía transportar otros cinco fusileros más y su velocidad máxima era de 50 km/h. En el momento del alzamiento militar, treinta y ocho de estos camiones formaban en la policial Guardia de Asalto, y otros doce acababan de equipar parcialmente al Grupo de autoametralladoras-cañón de la División de Caballería (su plantilla señalaba 28), sito en Aranjuez. En total, 41 Bilbao permanecieron en las filas republicanas, y los restantes siete fueron utilizados por las fuerzas alzadas.

 

En 1931, con la reforma Azaña, se creó la primera unidad acorazada del arma de Caballería: el Grupo de autoametralladoras-cañón que debía formar en la división de la citada Arma. Localizado en Alcalá de Henares, constaría de una plana mayor y dos escuadrones divididos en tres secciones. Inicialmente, las autoridades pensaron en el Citroën-Kegresse-Schneider P-16 como la autoametralladora que equiparía a la unidad. Se trataba de un semioruga francés, culminación de un proyecto que vio sus primeros prototipos en 1923. Entró en servicio en el Ejército francés en 1928, y un año más tarde aparecía el modelo 29, que era el pretendido por la Caballería española. Pesaba casi siete toneladas, montaba un cañón de 37 mm. y una ametralladora de 7´5, y su motor Panhard –que pronto se mostraría insuficiente– de 60 Hp. le permitía alcanzar los 50 km/h (30 en terreno accidentado). Este modelo estaba en servicio al estallar la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades españolas compraron un ejemplar de este modelo en 1932, que tras ser sometido a diferentes pruebas en Marruecos, fue desestimado.

 

Poco más tarde se probó, con semejantes resultados, el carro británico Vickers Carden-Lloyd, hasta que en 1935 optaron por la Autoametralladora Bilbao, ejemplares que un año más tarde comenzaban a ser entregados al Ejército. Aunque una Orden Circular de 23 de junio de 1931, cifraba en 32 el número de autoametralladoras que conformarían el Grupo de la división de Caballería, el estado oficial de dotación de la unidad en julio del 36 reflejaba sólo 28 Autoametralladoras-cañón (AAC). En total, debían constituir la unidad 21 oficiales, 12 suboficiales y 203 de tropa, con 6 miembros del CASE. Como material, entre otros vehículos, debía contar con 5 camionetas, 16 camiones, 4 coches de enlace ó 22 motos con sidecar. En la práctica, sólo habían 12 AAC Bilbao.

 

 

En el Ejército Nacional

 

Los cinco Renault FT-17 de Zaragoza se encuadraron en una Columna Móvil de reserva, que tras intervenir en diversas acciones del frente aragonés, quedaron reducidos en octubre a sólo dos vehículos. Posteriormente se integraron en la Agrupación de Carros de Combate nacional, concretamente en la compañía Renault. Esta unidad se creó el 1 de diciembre de 1937 como la 6ª compañía, 2º Grupo, del Batallón de Carros de Combate, y se equipó principalmente con los 22 FT-17 capturados en la campaña del Norte. Designada posteriormente como 7ª compañía, actuó en Aragón como unidad de segunda línea y entrenamiento. Para el 30 de octubre de 1938, de los 27 Renault en plantilla sólo seis estaban operativos.

 

Los tres carros Trubia de Oviedo fueron utilizados desde el principio del asedio como blocaos móviles. El nº 2 fue destruido en octubre, y los otros dos, fueron desguazados tras la liberación de la plaza.

 

A mediados de septiembre, con los Bilbao capturados y los que habían quedado en el campo sublevado, se organizó una Compañía de Blindados compuesta por dos secciones que apoyó a las columnas que avanzaban hacia Madrid. Antes, otros Bilbao habían estado en la Columna Móvil zaragozana y en las columnas que desde Andalucía avanzaban hacia Madrid. Para finales de 1938, la Agrupación de Carros de Combate del Sur disponía de 12 Bilbao.

 

Cuando la guerra se generalizó y los diferentes países tomaron partido por uno u otro bando, los contendientes comenzaron a recibir armamento y material bélico extranjero. Los primeros carros italianos desembarcaron en Vigo el día 16 de agosto. Eran cinco tanquetas Fiat-Ansaldo CV-3 Modelo L-3/35, que formaron en Valladolid una sección del Grupo de Información de Artillería nº3. El 13 de septiembre, recién llegados al frente, participaban en la toma de San Sebastián y a finales de este mes regresaban a la ciudad castellana.

 

Por estas mismas fechas, el 28 de septiembre, desembarcaban en Vigo diez CV-3 más (tres de ellos lanzallamas) junto con dos oficiales y 25 soldados. Trasladados las quince tanquetas a Cáceres, el 5 de octubre se organizaba la 1ª Compañía de Carros Ligeros, con tres secciones de cuatro carros cada una y tres de Plana Mayor. Esta unidad recibió su bautismo de fuego el 19 de octubre en Valmojado, en el frente de Madrid. Dos días más tarde, su destacada actuación en la toma de Navalcarnero (en la que perdieron una tanqueta) le supuso el derecho a denominarse Compañía de carros ligeros de asalto "Navalcarnero". El 29 de octubre se produjo el primer enfrentamiento con T-26 republicanos, en el que se evidenció la superioridad de los carros soviéticos al destruir sendos CV-3. El 6 de noviembre llegaba a los arrabales de Madrid junto con el resto de las tropas nacionales y el día 26, las nueve tanquetas aún operativas regresaban a la base de carros de Las Heguijuelas en Cáceres.

 

El 8 de diciembre, llegaron a Sevilla otros 20 CV-3. Junto con los de la Compañía Navalcernero formaron dos compañías que participaron en la campaña de Málaga y en la que perdieron tres tanquetas. Entre el 21 de enero y el 3 de febrero llegaron a Cádiz dos nuevas compañías, que junto con las ya existentes, formaron al mando del coronel italiano Carlo Ribolta el Comando Repparti Specializzati del CTV. Estas cuatro compañías intervinieron en la batalla de Guadalajara con el saldo de nueve tanquetas perdidas, entre destruidas y capturadas.

 

A primeros de abril de 1937, doce nuevos CV-3 llegados a Sevilla permitieron reponer las bajas de las compañías con objeto de participar en la campaña de Santander. Tras la caída de esta ciudad el 26 de agosto y mediante un nuevo envío de 16 tanquetas se reorganizó el Reagruppamento Carristi del CTV en dos batallones de dos compañías cada uno. Durante los meses de marzo y abril del 38, participaron en las operaciones que tuvieron como objetivo la llegada al Mediterráne. Organizados en columnas célere para realizar penetraciones rápidas y profundas, perdieron nueve tanquetas.

 

Tras un descanso y la recepción de 16 nuevos CV-3, el 14 de mayo entraban nuevamente en acción en la costa levantina hasta que se desató la batalla del Ebro. En total, sólo se perdieron tres tanquetas. En agosto, el día 21, en el transcurso de la contraofensiva nacional sobre las posiciones republicanas en el Ebro, los dos batallones de CV-3 entraron en acción apoyando a las divisiones 75 y 82 y sufrieron doce bajas, entre averiados y destruidos. Una vez finalizada la batalla, fueron enviados a Pamplona en donde se les incorporaron 32 nuevas tanquetas, con las que el Reagruppamento aumentó hasta los tres batallones.

 

El 23 de diciembre de 1938, actuando como punta de lanza de las divisiones atacantes, iniciaron la ofensiva sobre Cataluña. Entraban en Barcelona el 26 de enero. Tras alcanzar Gerona el 3 de febrero, se detuvieron en el río Fluvia antes de ser trasladados al sector de Toledo. Desde allí, ocupaban el 27 de marzo Aranjuez, el 28 Albacete y el 30 Alicante.

 

El 22 de diciembre de 1936, desembarcó en Cádiz una compañía de 16 autoametralladoras italianas Ansaldo-Lancia, modelos IZ e IZM, y armadas con tres ametralladoras de 6´5 mm. La diferencia entre ambos modelos radicaba en el hecho de que el primero de ellos montaba sendas torres cilíndricas superpuestas de giro independiente, y el segundo modelo sólo disponía de una torreta. Repartida en secciones, esta unidad participó en la campaña de Málaga y un mes más tarde, en marzo, ocho del modelo IZ, participaban en la batalla de Guadalajara encuadradas en la columna Coppi. Tres de estos vehículos fueron capturados por los republicanos. La compañía volvió a intervenir en la campaña de Santander que se saldó con la pérdida de otra autoametralladora. En el Levante y en el Ebro adoptó un papel de unidad de reserva, mientras que en Cataluña, volvió a encuadrarse en las columnas célere para perder otra unidad. Al finalizar la guerra, las once Ansaldo-Lancia supervivientes fueron repatriadas a Italia.

 

El otro gran componente de los medios blindados nacionales fue el material alemán, que tomó forma a través de los Panzer I. Conocidos popularmente por los combatientes como negrillos, las primeras unidades llegaron al puerto de Vigo el 17 de septiembre de 1936. Eran 32 Panzer IA, que marchaban a Las Herguijuelas a los tres días. Allí, el primero de octubre se constituían en un Batallón de Carros de Combate compuesto por dos compañías (tres secciones de cinco carros cada una más uno de mando) y dependiente del Regimiento de Infantería nº 27 "Argel".

 

Trasladada al frente madrileño el 27 de octubre, esta unidad entró en combate el 1 de noviembre ocupando, entre otras villas, la de Brunete. Durante estos días, fueron destruidos por el fuego enemigo seis negrillos y otro resultó averiado. En los combates en torno a la carretera de La Coruña, especialmente los desarrollados el día 29, en las proximidades del cementerio de Aravaca, fueron averiados otros quince carros. Nuevo material llegado durante este mes permitió reponer las bajas y crear una tercera compañía el 15 de diciembre que se incorporó al frente con el año nuevo, concretamente el día 3 de enero. Hasta finales del 36, las bajas sufridas ascendieron a dos carros destruidos y tres averiados. Durante enero y hasta su traslado el 6 de febrero al sector del Jarama, nueve carros más resultaron como bajas. En resumen, durante los combates en torno a Madrid, el 75 % del material alemán resultó averiado o, en menor medida, destruido: 36 carros de los 48 en plantilla. Además, 28 tripulantes resultaron muertos y 118 fueron heridos. Posteriormente, durante la batalla del Jarama, otros 26 negrillos fueron puestos fuera de combate, mientras el 5 de marzo se organizaba la 4ª compañía del batallón, con Panzer IB.

 

Las numerosas bajas sufridas en los enfrentamientos con los blindados de origen soviético, hizo buscar a los mandos nacionales la forma de contrarrestar tal desequilibrio. Con tal fin, se instaló en seis negrillos, una ametralladora antiaérea modificada de 20 mm que dotada de un proyectil perforante era capaz de atravesar 40 mm de blindaje. La captura y reutilización (el 13 de marzo entraba en servicio la primera sección de cuatro tanques que el 2 de julio aumentaba hasta el nivel de compañía, unidad que recibió su bautismo de fuego el 17 de julio en la batalla de Brunete) de los primeros T-26 republicanos provocó que se abandonara esta iniciativa.

 

El 27 de abril de 1937, el batallón marchó al frente vizcaíno para participar en las operaciones que acabarían con la toma de Bilbao. Durante el mes de mayo se perdieron ocho blindados y en el total de la campaña, entre averiados y destruidos, doce. Trasladado a Palencia el primero de julio, marchó hasta el sector madrileño de Brunete el día 7 para participar en dicha batalla. Allí, el batallón tuvo sólo dos bajas. El 28 de agosto, mientras las dos primeras compañías marchaban hasta Zaragoza, la 3ª (junto con la 4ª, compuesta de T-26) iba al norte para participar en la campaña de Santander. A cambio de cinco bajas, capturó tres Renault FT-17 y cinco Trubia M-36. Tomada Santander, a principios de septiembre, fueron averiados otros cuatro negrillos en las operaciones por Llanes.

 

Antes, el 11 de agosto, al tiempo que el batallón de carros pasaba a depender del Regimiento de Carros nº 2, se reorganizaba en una Plana Mayor, cuatro compañías de Panzer IA y IB, una compañía de T-26, una de cañones AT motorizada y otras de transporte y taller de reparación con armería. En la práctica, durante el verano sólo existieron tres compañías de negrillos, además de la de los carros republicanos capturados. Así, el 10 de septiembre se estaba organizando la 4ª compañía de Panzer I y se ponía a disposición del mando de la unidad 16 tanques T-26 y otros 20 carros entre Renault FT-17 y Trubia M-36, capturados todos en el norte. Estos últimos, como ya se ha dicho, constituyeron desde el primero de diciembre una 6ª compañía.

 

A finales del mes de agosto, la llegada de 18 nuevos carros Panzer I permitió la creación de una 5ª compañía en el frente de Madrid. Esta nueva unidad junto con la 4ª, formaron desde el 1 de noviembre el 2º Grupo del batallón de carros en Zaragoza, aunque no fue trasladada a la capital aragonesa hasta el 26 de noviembre. En esta localidad, se organizaban al mismo tiempo la compañía Renault y las de talleres y transportes, ya existiendo la de cañones anticarros. Mientras, el 1 de octubre, el batallón se había convertido en el Primer Batallón de Carros de Combate y en diciembre, combatió en la batalla de Teruel, donde fueron baja un negrillo y dos T-26B.

 

El 1 de marzo de 1938, el anterior batallón se transformaba en la Bandera de Carros de Combate de la Legión. Se formó una Plana Mayor en Dar Riffien (Marruecos) y permanecieron los dos grupos tácticos existentes, compuesto cada uno de ellos por sendas compañías de Panzer I y una tercera de T-26. Durante su participación en diferentes operaciones entre el primero de marzo y el 21 de abril, fueron 26 los carros inutilizados o averiados, y para finales de mayo, su primer grupo sólo disponía de 14 negrillos y dos T-26, habiendo tenido en este último mes 15 bajas (nueve Panzer I y seis T-26).

 

Durante las operaciones de Aragón y Levante, la Bandera perdió un total de 26 carros a causa del fuego enemigo. Anteriormente, sólo la lucha en torno a Madrid había registrado tal cantidad de pérdidas. Un informe intentó buscar las causas de tan elevada desproporción, y en él, el general Yagüe fue tajante: los carros se empleaban mal porque no se entendía lo que de ellos podía exigirse. Se empleaban a nivel de compañías y Yagüe proponía que operasen agrupados todos en cuatro agrupaciones. Posteriormente, la batalla del Ebro supuso otros 29 carros averiados o destruidos, 11 de ellos T-26.

 

El 1 de octubre de 1938 se constituyó la Agrupación de Carros de Combate compuesta por dos batallones de tres compañías cada uno y dejó de pertenecer a la Legión para pasar, de nuevo,  al Regimiento de Carros nº 2. Un informe del 6 de octubre, indicaba que sólo el primer batallón estaba al completo, no así el segundo, que disponía de dos compañías. A finales de octubre, con el Mando de la unidad en Batea, el material con que contaba la Agrupación precisaba de reparaciones no inferiores a un mes de duración. Tenía en total 134 ingenios blindados, de los que sólo el 57% estaba operativo: eran 66 negrillos (49 en servicio), 41 T-26 (22 en servicio) y 27 Renault (6 en servicio).

 

La Agrupación inició la campaña de Cataluña con la organización ya detallada, aunque su primer batallón desplegó, desde el 6 de noviembre, tres compañías compuestas por 10 Panzer I y 5 T-26 cada una. La utilización plena de la Bandera entre noviembre del 38 y marzo del 39, le supuso un total de 126 bajas, de las que 13 fueron vehículos destruidos. Para reponer pérdidas, el 20 de enero, en Lérida, la unidad recibía 20 Panzer I nuevos.

 

A finales de 1938, se creó en Sevilla la Agrupación de Carros de Combate del Sur, que en diciembre contaba con 12 orugas, 6 carros de mando y un enlace. Sobre el papel, la integraban una Plana Mayor; una compañía de carros constituida por tres secciones de tres T-26 capturados (más uno de mando) y otra de tres blindados Bilbao; una compañía de autoametralladoras compuesta por tres secciones de tres UNL-37 más un Bilbao de mando y otro de enlace; y sendos escuadrones de autoametralladoras-cañón formados por tres secciones de tres BA-6 y un FA-1 cada una. En total, su plantilla era de 10 T-26, 5 Bilbao, 9 UNL-37, 18 BA-6 y 8 FA-1, como se puede observar, la práctica totalidad de los cincuenta blindados era de origen republicano.

 

 

En el ejército republicano

 

Los blindados que quedaron inicialmente en manos de las fuerzas gubernamentales, al igual que los sorprendidos en el otro campo, fueron empleados desde el primer momento, aunque su eficacia fuese más que discutible. En aquellos primeros días, en que la gran mayoría de los combatientes eran milicianos, su presencia en los combates significó más un factor sicológico que real.

 

Ya la tarde del 19 de julio salía de su acuartelamiento un Schneider CA-1 que a la mañana siguiente participó en el asalto del madrileño Cuartel de la Montaña. Días más tarde, el 21, dos de los tres blindados que de este tipo existían en Madrid, se incorporaron a la columna Riquelme que marchó hasta Toledo para iniciar el asedio del Alcázar. Durante dichos combates, uno de ellos resultó destruido y el otro regresó a la capital el 26 de septiembre. Los dos Schneider supervivientes fueron destruidos en los combates que se desarrollaron durante los siguientes meses.

 

Los cinco Renault FT-17 republicanos, además de la participación de dos de ellos en los ataques a los cuarteles de Campamento y la Montaña, estuvieron en los combates por el Alto de los Leones hasta el día 27, momento en el que marcharon a Extremadura, para apoyar los combates por Mérida y Don Benito. El 5 de septiembre fueron empleados sobre Talavera de la Reina, acción en la que se perdieron dos carros. Tras los ataques sobre Maqueda, a finales de este mes, regresaron los tres restantes a Madrid. Durante el mes de noviembre combatieron en el sector de la Casa de Campo, lugar donde fueron destruidos a lo largo del invierno.

 

Anteriormente, el 9 de agosto, habían llegado a Bilbao, procedentes de Francia, tres FT-17 armados con cañones de 37 mm., y el día 29, desembarcaban en Santander otros tres Renault de ametralladora. Los envíos al Norte republicano continuaron, y así, en marzo del 37, el mercante Autum depositó en Santander otros 16 FT-17 (nueve de ellos con cañones de 37 mm) procedentes de Polonia. Todos estos carros combatieron en el norte hasta que fueron capturados por las tropas nacionales y pasaron a engrosar sus filas. Parece ser que a través de la frontera francesa y de diferentes puertos mediterráneos llegaron a territorio republicano algunas unidades más de este modelo. En todo lugar, su número fue escaso, no sobrepasando seguramente la decena.

 

También en el norte, el único Trubia 75 Hp republicano, participó desde el principio en los combates por Oviedo hasta que resultó destruido durante el ataque del 10 de septiembre.

 

Fueron las autoametralladoras Bilbao (que en un número de 41 habían quedado en manos gubernamentales) los que más efectividad demostraron en los momentos iniciales del conflicto. Ya el 20 de julio, dos de estos blindados participaron en el asalto al Cuartel de la Montaña y un día más tarde, otros cuatro partían con la columna Riquelme. Dos de estos últimos resultaron destruidos en los combates por el Alcázar toledano. Otra columna madrileña, la del coronel Puigdendolas, contaba con ocho Bilbao cuando, el día 20, partió para Alcalá de Henares primero y Guadalajara más tarde. Cinco de las autoametralladoras del Grupo de Caballería marcharon al Alto de los Leones (donde dos serían capturadas) y las otras siete partieron de Madrid en las diferentes columnas que se organizaron. Cinco Bilbao que partieron con la del teniente coronel Mangada hasta Cebreros y que regresaron a los tres días, tomaron parte activa en el rechazo del ataque nacional sobre Navalperal de Pinares. Otros, marcharon a Extremadura y dos de ellos fueron capturados durante la toma de Mérida.

 

En el Norte gubernamental, dos Bilbao formaron en la columna del comandante Galvis en Irún y otros cuatro salieron de San Sebastián y Bilbao con las que marcharon hacia Vitoria. Más adelante, las autoridades vascas ordenaron la fabricación de diferentes vehículos blindados. Además del carro Trubia Modelo 1936 (ver recuadro), se encargó la construcción de 18 blindados Bilbao, de los que en enero del 37, y según un informe del presidente Aguirre al gobierno de la República, se habían entregado 6 que formaban en un batallón de carros de asalto.

 

La República gozó de la más numerosa aportación de vehículos blindados extranjeros, especialmente soviéticos. Los primeros en llegar lo hicieron el 26 de septiembre al puerto de Cartagena. Eran 15 T-26B, que fueron inmediatamente trasladados al balneario de Archena, en Murcia, lugar donde se constituiría la base y la escuela de las fuerzas blindadas republicanas. El 15 de octubre, del buque Konsomol desembarcaron otros 50 T-26B, además de 25 autoametralladoras-cañón BA-6 y 6 autoametralladoras FA-1. Durante el resto de octubre, diferentes barcos trajeron a puertos republicanos hasta otros 40 T-26B.

 

Desde Archena, el 26 de octubre, una primera compañía de carros T-26 tripulada por sus dotaciones soviéticas y al mando del comandante Pavel Arman partía para el frente madrileño. Tres días más tarde entraba en acción mediante un ataque al flanco del dispositivo nacional, sobre los pueblos de Illescas, Seseña y Borox. Fue el primer enfrentamiento acorazado de la guerra y por parte republicana se saldó con tres T-26 destruidos. Esta compañía colaboró en la retirada de las tropas gubernamentales hacia Madrid, perdiendo otro carro en Parla.

 

El 1 de noviembre, al mando del coronel Semion Krivoshein, llegaban al frente de Madrid un total de tres nuevas compañías de carros (que sumaban 34 T-26B) y una de blindados, tripuladas ahora ya mayoritariamente por personal español. Formando un único batallón acorazado, atacaron Ocaña, acción que se saldó con un total de seis bajas. Poco después se les unía un segundo batallón de carros al tiempo que se organizaban otras unidades acorzadas con el material que seguía llegando desde la Unión Soviética. Con una de estas expediciones viajó el general Dimitri Pavlov, quien desde el 6 de diciembre comenzó a organizar en Archena la I Brigada acorazada con los tres batallones de carros existentes y un cuarto de blindados BA-6. Durante la defensa de Madrid, los tanques soviéticos demostraron su superioridad cuando noquearon 28 negrillos a cambio de perder 10 T-26B.

 

Los envíos de material soviético comprendieron, desde el primer momento, otros tipos de blindados. Fueron éstos las autoametralladoras FA-1 y BA-6, principalmente. El diseño de estos modelos se había iniciado en la URSS en 1931 y tenían como fin sustituir a los por entonces en servicio en el Ejército Rojo. El Konsomol desembarcó en octubre los primeros seis FA-1. Eran unos blindados ligeros, montados sobre el chasis de un automóvil Ford y armados con una única ametralladora de 7´62 mm. Durante los días 27 y 29 de octubre, sendos mercantes depositaron 24 de estas autoametralladoras. Hasta Bilbao, otro buque soviético, el A. Andrev, llevó 24 FA-1 más. Estas casi cincuenta unidades fueron las únicas que llegaron a la España republicana durante la guerra, ya que su condición de material usado y de escaso rendimiento las condenó a realizar misiones de enlace en las diferentes unidades blindadas y de infantería por las que fueron repartidas. Nuevos modelos fabricados en España los sustituirían.

 

Por lo dicho, su actuación bélica fue escasa. Los llegados al Norte republicano fueron distribuidos entre los tres cuerpos de ejército existentes. Cuatro de los siete blindados del Cuerpo vasco participaron en la desastrosa ofensiva sobre Villareal y que supuso la destrucción de tres de ellos. Las tropas santanderinas que apoyaron este ataque, perdieron dos de sus cuatro unidades. En el Sur, a finales de diciembre de 1936, la 14ª Brigada Internacional recibió el apoyo de varios de estos blindados en los duros combates que participó. Dos FA-1 participaron en la defensa de Málaga: uno fue destruido y el otro capturado. Las campañas de Vizcaya y Santander supusieron la captura de siete blindados, mientras que el final de la guerra proporcionó otros seis más en Jaén para el Ejército nacional.

 

El otro modelo, el BA-6, era una autoametralladora-cañón armada con un cañón de 45 mm y sendas ametralladoras de 7´62 mm. Su chasis era el de un camión Ford. Los primeros 25 BA-6 llegaron a Cartagena a bordo del Konsomol y fueron trasladados a Archena. Junto con otros 15 blindados llegados días más tarde se formó un primer batallón de blindados que fue inmediatamente enviado al frente madrileño y que formaría parte de la 1ª Brigada de Carros cuando ésta se constituyó. Para finales de año, el número de blindados BA-6 llegados a puertos republicanos alcanzó la cifra de 80: 22 a Alicante, 8 a Cartegena y 10 a Bilbao. Otros tantos fueron enviados durante 1937 hasta que la nueva producción autóctona de blindados de este tipo provocó el final de los envíos en 1938. Los BA-6 fueron empleados en el Ejército republicano en misiones de exploración y apoyo a la infantería, siendo los enfrentamientos con blindados enemigos escasos. Los nacionales, por contra, emplearon los que capturaron de una forma más intensa, llegando a constituir el grueso de la Agrupación de Carros del Sur.

 

Con objeto de sustituir a estas autoametralladoras blindadas de origen soviético, se iniciaron por parte de las autoridades republicanas diseños que dieron lugar a la producción en serie de los modelos UNL-35 y Chevrolet 1937, los blindados más modernos y eficaces de cuantos combatieron en España. En diciembre de 1936, se encargaba a la fábrica nº22 Unión Naval de Levante, la fabricación del primero de ellos. Sobre el chasis del camión ZIS-5 se montaban unas planchas blindadas de 8 mm, elaboradas en los Altos Hornos de Sagunto que eran coronadas por una torreta armada con una ametralladora de 7´62 mm. Otra de estas armas iba a la derecha del conductor. Con 2.300 kg de peso, tenía una velocidad máxima de 55 km/h y una autonomía de 230 km. En enero de 1937 se inició la producción a un ritmo de cinco unidades mensuales hasta que entrado 1938, los bombardeos nacionales obligaron a trasladar la producción a Elda, en Alicante. Reanudada en septiembre, quedó definitivamente paralizada en marzo del 39 tras haberse construido unos 120 UNL-35. No todos estos blindados fueron destinados a unidades de primera línea, la Guardia de Asalto los contó entre su material, hasta el punto que una de sus primeras intervenciones fue en los Sucesos de Mayo de Barcelona.

 

El segundo modelo fue encargado en abril de 1937 a la Hispano-Suiza y a la General Motors de Barcelona. Partiendo del chasis del camión comercial Chevrolet SD Modelo 1936, su diseño era un equilibrio entre el UNL-35 y el BA-6; algunas unidades llegaron a montar la torreta con el cañón de 45 mm del vehículo soviético en lugar de la torreta del UNL-35. Pesaba 4.800 kg, su velocidad máxima era de 60 km/h y su autonomía alcanzaba los 300 km. Iniciada su producción en mayo del 37, a un ritmo de cuatro unidades al mes, cesó a principios de 1939 tras haberse fabricado unas 70 unidades. Este vehículo, como el anterior, equipó las brigadas de los ejércitos republicanos del Levante y del Sur, así como la de blindados perteneciente a la 2ª División Blindada. Los nacionales también los utilizaron en su Agrupación de Carros del Sur.

 

En diciembre de 1936, los batallones acorazados existentes se habían agrupado en una Brigada de Carros al mando del general Pavlov, sustituto de Krivoshein. Los dos primeros batallones de carros en crearse fueron retirados de primera línea para ser reorganizados. Al acabar el año, habían desembarcado en puertos republicanos del Levante un total de 106 T-26B y durante el primer trimestre de 1937, llegó otro centenar de tanques de este modelo.

 

Tras participar en las batallas del Jarama (que empleados en masa y con la pérdida de 24 carros lograron detener el avance enemigo) y de Guadalajara (donde participó una sola compañía con personal español que perdió siete carros), el general Pavlov regresó a la URSS junto con la mayoría de los asesores, dejando la 1ª Brigada Blindada con personal español e internacional al mando del general Rudolf (¿Romintsev?). Durante la batalla de Brunete se dio la mayor concentración de blindados de toda la guerra. Cuatro batallones de T-26B (120 carros) se distribuyeron entre los diferentes Cuerpos de Ejército republicanos, pero mal empleados como armas de acompañamiento de la infantería, sufrieron 61 bajas entre destruidos y capturados.

 

En la ofensiva sobre Belchite participaron una cincuentena de T-26B de los que 15 resultaron bajas. En Teruel y el Alfambra, las bajas de estos tanques ascendieron hasta las 47. Durante la primavera de 1938, en las operaciones de Aragón y Levante tomaron parte unos 80 T-26B republicanos, de los que 32 fueron destruidos, capturados o resultaron dañados. Finalmente, comenzaron la batalla del Ebro hasta 87 T-26, de los que 18 fueron capturados y 17 inutilizados. La campaña de Cataluña y la fase final de la guerra supuso la baja de 28 tanques más y la captura definitiva por parte nacional de un centenar.

 

El 16 de abril de 1937 llegaban a Cartagena las primeras 20 unidades del mejor carro de combate que se paseó por tierras españolas entre 1936 y 1939: el BT-5 soviético. Junto con otros blindados BA-6 llegados en el mismo envío, se comenzaron a formar las primeras compañías de un Regimiento de Carros Pesados. Éste tomó forma durante el mes de agosto en Archena, después de que llegase otra cincuentena de BT-5, a bordo del mercante Cabo San Agustín, el día 10 del mismo mes. Mandado por el coronel Kondraiev, este regimiento estaba formado por una Plana Mayor, una compañía de blindados, otra Contracarros y dos batallones de carros con tres compañías cada uno. En total eran 64 BT-5 y 11 BA-6.

 

Su bautismo de fuego lo recibieron en Aragón, en el transcurso de la segunda ofensiva republicana sobre Zaragoza durante el mes de octubre de ese mismo año. Encuadrados en una agrupación de maniobra, realizaron profundas penetraciones en territorio enemigo que sin el apoyo de su infantería resultaron del todo inútiles. Por contra, sus bajas fueron amplias: el día 12 se perdieron nueve carros y el día 13 otros 20. Siendo como era uno de los mejores modelos del momento a nivel mundial, quizá los asesores soviéticos se mostraron más interesados por probarlos en situación de combate que en acometer con éxito la misión recibida. Al año siguiente, este regimiento –ya con personal y mando español– participó en las batallas y campañas de Aragón y Levante, con el saldo de 11 carros destruidos. Retirados de nuevo de la primera línea, reaparecieron sólo seis de ellos durante la batalla del Ebro y fueron todos capturados por los nacionales.

 

Durante la primavera de 1937, los envíos de material blindado soviético permitieron la constitución de una segunda Brigada Blindada y para junio existían un total de ocho batallones de carros, además de los cuatro de autoametralladoras. En octubre de ese mismo año, se agrupaban en una División de Ingenios Blindados las unidades existentes y que eran: las dos dos brigadas blindadas, el Regimiento de Carros Pesados, además de una brigada de infantería y una compañía de cañones contracarro. En realidad, tal División no actuó nunca como tal y sus componentes permanecieron distribuidos por los diferentes frentes.

 

En abril de 1938, ante la partición del territorio republicano, esta División Blindada se desdobló en dos. La Primera contaba con dos brigadas de carros y dependía del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental, y la Segunda, con tres brigadas de carros y autoametralladoras y otra de trenes blindados, era dependiente del Grupo de Ejércitos de la Región Central.

 

Durante la guerra, llegaron procedentes de la URSS un total de 362 T-26B.

 

 

Carros españoles

Un único carro de combate de diseño español se fabricó en serie durante la guerra. Se trataba del Trubia Modelo 1936, mal llamado en algunas obras como carro Euzkadi.

 

Su historia comenzó el 1 de enero de 1936 cuando el proyecto quedó definitivamente aprobado. El prototipo que se construía quedó inacabado al estallar el conflicto, pero los planos y el proyecto llegaron hasta Bilbao, donde las autoridades decidieron llevarlo a cabo. La factoría sestaotarra de la Sociedad Española de Construcción Naval fue la encargada de su fabricación. El carro aprovechaba las experiencias proporcionadas por el anterior proyecto Trubia. Tripulado por Jefe, tirador y conductor, era ligero –sólo pesaba 5.500 kg– y pequeño –sus dimensiones eran 3´55 m de longitud, 1´70 de ancho y 1´85 de altura–. Su motor diesel de 70 Hp de potencia le proporcionaba una velocidad máxima de 42 km/h, durante unas ocho horas de autonomía. La amplia torreta montaba una ametralladora británica Lewis de 7´7 mm, además de otra situada en la parte delantera. La mayor innovación residía en su blindaje espaciado. La plancha exterior de 13 mm de acero se encontraba separada de otra interior de 3 mm por un vacío de 25 mm.

 

Aunque se pensó equipar hasta tres compañías con las unidades que se fabricaran, al final, sólo se construyeron 16, que constituyeron una única compañía. Pertenecientes al Cuerpo de Ejército vasco, participaron en la campaña de Vizcaya y más tarde en Santander, donde los supervivientes fueron capturados por los nacionales.

 

Además, en la factoría de Sestao, se encontraron varios carros a punto de finalizarse que las autoridades nacionales aprovecharon para desarrollar otro carro español. Cogiendo lo mejor del T-26, del Panzer I y del CV-3, se finalizó un prototipo en 1937 que no pudo pasar las pruebas, al no ser capaz, su blindaje, de resistir los disparos de fusil.

 

El capitán Félix Verdeja, responsable de la compañía de Talleres de la Agrupación de Carros nacional, desarrolló a finales del 38 un prototipo de carro que presentaba, como novedad, el motor situado en la parte delantera. Aunque superó las pruebas de selección en enero de 1939 y se encargó un pedido inicial, no se construyó ningún carro Verdeja más.

 

 

Las fuerzas acorazadas vascas

 

Diferentes autores han afirmado que en el norte republicano estuvieron presentes casi todos los diferentes modelos de blindados (FT-17, BA-6, FA-1, T-26, Trubia-36 y Bilbao) y además en grandes cantidades. La realidad es distinta.

 

Los primeros carros en llegar fueron 6 Renault FT-17 que lo hicieron en agosto de 1936. De este mismo modelo llegarían otras 16 unidades, procedentes de Polonia y a bordo del mercante Autum, el 3 de marzo de 1937. Entre ambos recibos, el 1 de noviembre del 36, desembarcó en Bilbao el carguero A. Andrev procedente de la URSS. El material desembarcado en este envío ha sido el origen de las discrepancias sobre la cantidad exacta de blindados que hubo en este teatro de operaciones ofrecida por diferentes autores. Varias fuentes cifran entre 15 y 45 los blindados BA-6 y FA-1 transportados por este buque y sólo Salas Larrazábal eleva hasta el centenar las unidades desembarcadas. Existe un informe conservado en el Servicio Histórico Militar [y citado por Vicente Talón en Memoria de la Guerra de Euzkadi. Tomo III, pag. 688 y ss.] realizado por el capitán Gutiérrez Sol una vez pasado al bando nacional. En él, aparte de ofrecer los datos técnicos de estos blindados, los cuantifica en unos treinta. Las cifras más probables son una veintena de FA-1 y una decena de BA-6. Como se observará, no se menciona ningún T-26.

 

Así y tras lo dicho, se evidencian como completamente irreales los cálculos realizados por Salas Larrazábal, quien asegura que para diciembre de 1936 existían suficientes carros de combate en el Norte republicano como para equipar cuatro batallones. Además, cifra en 136 vehículos blindados los llegados a esta zona antes del 31 de marzo de 1937, momento de la ofensiva nacional sobre Vizcaya, los cuales unidos a los fabricados por las autoridades republicanas harían un total próximo a los 300. Estos –siempre según este autor– se encuadrarían en un regimiento de tres batallones (compuesto cada uno por T-26, Trubia-36 y Renault FT-17) en cada Cuerpo de Ejército.

 

En realidad, las cifras fueron otras. Vicente Talón [op.cit. pag. 690] se empeña en afirmar la presencia de carros T-26 aun cuando no aporta ninguna justificación y a que como hemos visto no existe constancia de esta llegada a puertos cantábricos. También ofrece una relación de los blindados disponibles con motivo del ataque sobre Villareal de Álava en diciembre de 1936: 5 unidades con el C.E. santanderino, 10 con el asturiano, 15 con el vasco y 6 en las columnas que protagonizaron este ataque. Por otra parte, F.C Albert [op. cit. pag. 35] establece en unos 20 los vehículos blindados que en las filas vascas se enfrentaron a la ofensiva nacional del 31 de marzo.

 

Vicente Lascurain, comisario de la 3ª División vasca, afirma que tras la concesión del Estatuto de autonomía y la creación del Gobierno Vasco, se inició la formación de un regimiento al mando del mayor Samaniego, compuesto por tres batallones equipados con los blindados fabricados en la provincia además de los Renault FT-17 recibidos. Según esta fuente se organizaron dos compañías en total.

 

El mayor Samaniego mandó, junto a Cándido Saseta, una de las dos brigadas vascas que marcharon para Asturias con objeto de participar en los ataques sobre Oviedo de febrero de 1937. Al regresar, el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Norte, Francisco Ciutat, lo puso al mando de un regimiento en el que se quería reunir todo el material blindado de dicho Ejército. Contaría con tres batallones, uno por cada Cuerpo de Ejército.

 

En verdad, unidades blindadas en el Cuerpo de Ejército vasco las hubo, aunque de escasa significación. Así, el 29 de octubre de 1936, las autoridades vascas convocaban un concurso para seleccionar conductores de los carros de asalto. Más adelante, en enero de 1937, el propio lehendakari Aguirre informaba que existía un Batallón de Carros de Asalto y Orugas "Euzkadi" en el que se encuadrarían los 18 blindados Bilbao que se habían encargado a la Constructora Naval de Bilbao. Para esa fecha se habían incorporado 6 de estas unidades.

 

Además, se fabricaron en la Naval de Sestao un total de 16 carros Trubia 1936, de los que en noviembre de 1936 se estaban construyendo 8, según Francisco Ciutat. Estos carros se encuadraron en una única compañía, aunque desconozco la fecha exacta de su formación.

 

En abril de 1937, tras comenzar la ofensiva nacional se formó una última unidad de este tipo: un Batallón de Apoyo Blindado, que fue encomendado al mayor de milicias Valeriano Marquina. Muy seguramente fue en esta unidad, que dificilmente pasó del tamaño de una compañía, donde se encuadraron los autóctonos carros Trubia-36.

 

 

Bibliografía

 

Jesús Salas Larrazábal. Intervención extranjera en la guerra de España. Ed. Nacional. Madrid. 1974.

Javier de Mazarrasa. Los carros de combate en España. Ed. San Martín. Madrid. 1977.

Javier de Mazarrasa y F. Javier Aguilar. Vehículos blindados del Ejército español. Ed. San Martín. Madrid. 1980.

F.C. Albert. Carros de combate y vehículos blindados de la Guerra, 1936-1939. Borrás Ediciones. Barcelona. 1980.

Javier de Mazarrasa. Blindados en España. La guerra civil 1936-1939. Ed. Quirón, Valladolid. 1991.

Francisco Fernández Mateos. "Blindados y carros de combate del Ejército español, 1910-1992"; Defensa, especial nº18. Madrid. 1992.

Javier de Mazarrasa. "Carros de combate durante el conflicto 1936-39"; Soldiers, nº10, julio 1996. Madrid.

 

 


 

 

LOS CAÑONES ANTITANQUE

 

Evidentemente, en julio de 1936, el Ejército español no disponía de ninguna pieza antitanque propiamente dicha. A tal efecto, se contaba con el nuevo cañón de acompañamiento de infantería Ramírez de Arellano Modelo 1933 de 40 mm, dado que disparaba un proyectil perforante. Naturalmente, las cantidades disponibles de esta pieza eran muy escasas, por lo que ambos contendientes carecieron en un principio de un armamento antitanque que, bien es cierto, por la escasa cantidad y calidad de los medios acorazados iniciales, no echaron en falta. Cuando la situación lo hizo imprescindible, los contendientes utilizaron otras piezas, como la de montaña Schneider Modelo 1908 de 70 mm o la Krupp Modelo 1896 de 75 mm, que pese a ser totalmente inadecuadas para este cometido, existían en relativa cantidad. Cuando comenzaron a llegar los carros de combate extranjeros a los puertos republicanos y nacionales, llegaron también las primeras piezas antitanque.

 

 

En el Ejército Nacional

 

Las piezas italianas de artillería de campaña que inicialmente arribaron, las 65/17 Modelo 1913 de 65 mm, disponían de proyectiles perforantes con capacidad antitanque y así fueron empleadas en diferentes ocasiones hasta la primavera de 1937. Las primeras 38 unidades de este modelo llegaron en septiembre del 36 y durante la guerra, el total alcanzó las 248 piezas. El CTV utilizó el cañón antitanque Breda Modelo 1935 de 47 mm, aunque su número no sobrepasó las 25 unidades. Era ésta una pieza de diseño austriaco, el Böhler M-35, cuya licencia fue comprada por Italia y fabricada en tales cantidades por este país, que se consideró como italiana. Fue un arma discreta, cuyos proyectiles HE le hacían una buena pieza de acompañamiento de la infantería y con los AP perforaba 43 mm de blindaje a 500 metros.

 

En octubre llegaron a Vigo las primeras piezas antitanque alemanas PaK 35/36 de 37 mm de las 290 que en total utilizó el Ejército nacional y que se demostraron como las más eficaces durante el conflicto. Se trataba de un modelo concebido desde 1925 y que entró en producción para el Reichswehr en 1928. Era un diseño muy moderno, de lo mejor para su época, que no fue ampliamente fabricado hasta la llegada al poder del NSDAP. Así, en 1934, aparecía la versión equipada con neumáticos. Durante la Guerra Civil, se demostró como un excelente arma habida cuenta de los blindados con los que tuvo que enfrentarse y constituía el grueso de las armas antitanque de la Wehrmacht al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Con un alcance eficaz máximo de 7.000 metros, sus proyectiles AP atravesaban 38 mm de blindaje a 365 metros con un ángulo de impacto de 30 grados.

 

En mayo de 1940 y ante los carros franceses se demostró que este modelo estaba ya superado. Aunque se aceleró el desarrollo de la nueva pieza de 50 mm, en junio de 1941, aún representaba la mayoría de las piezas AT germanas y evidenció su incapacidad ante los modernos carros soviéticos. Durante la década de los años treinta fue exportado a países como Italia, Países Bajos, Japón o la Unión Soviética. En estos dos últimos, fueron fabricados como Tipo 97 y Modelo 1930, respectivamente.

 

Durante el mes de octubre, se comenzaron a formar en Cádiz las primeras baterías con las 40 unidades llegadas por estas fechas. En mayo de 1937, se formaron diez baterías de diez piezas cada una, dos de las cuales fueron al Ejército del Norte, cuatro al del Centro, tres al del Sur y la última quedó en Reserva. A finales de septiembre de ese mismo año, con 50 nuevas piezas recibidas, se alcanzaron las 17 baterías. Además, por estas fechas, existían sendas baterías compuestas por piezas de 45 mm soviéticas capturadas.

 

El 15 de octubre se creaba la Agrupación de cañones contracarro, que, dependiente administrativamente del batallón de ametralladoras nº2 de Plasencia y con la Plana Mayor en Valladolid, se dividía en tres grupos de baterías, uno por cada Ejército. En total eran 66 oficiales, 208 suboficiales, 1.612 soldados y 39 del CASE, que disponían de 192 camionetas, 22 coches ligeros y 36 motocicletas.

 

En febrero de 1938, con la llegada de otras 100 piezas se reforzaron las baterías existentes y se crearon otras seis, que constituyeron un 4º grupo de Reserva General. En junio de este año, se modificaba la composición de las baterìas al sustituir dos piezas de 37 mm, por sendas de 45 mm capturadas, aumentando así su potencia.

 

Al finaliza la Guerra Civil existían 28 baterías distribuidas en cuatro grupos, tres de seis baterías (Ejércitos del Norte, Levante y Sur) y uno de diez (del Centro), todas ellas compuestas por piezas alemanas de 37 mm y soviéticas de 45 mm en la proporción indicada. El CTV dispuso de sus propias baterías AT, equipadas con piezas italianas, tal y como se ha dicho.

 

 

En el ejército republicano

 

El 29 de abril llegaban las primeras piezas soviéticas a Cartagena: eran 15 unidades del 45/46 Modelo 1932 de 45 mm. Se trataba de una pieza desarrollada por los ingenieros soviéticos a partir del anterior Modelo 1930, que como ya se ha dicho, era una copia del PaK alemán de 37 mm. Las diferencias entre ambas armas se limitaban a que ésta poseía un calibre superior y sus ruedas eran de radios. Por estas fechas, este 45 mm era el cañón AT fundamental en el Ejército Rojo, y como tal, durante la Guerra Civil,  junto con el PaK de 37 mm se demostraron como las mejores piezas anticarro.

 

El 7 de mayo de 1937 llegaron otras 100 piezas de este mismo tipo, desembarcados por el mercante Cabo de Palos. Con estas entregas se crearon hasta 37 baterías de tres piezas cada una, que equiparon a las brigadas mixtas que por estas fechas se creaban. Entraron en acción a gran escala durante la ofensiva de Brunete, en la que desplegaron hasta 18 baterías.

 

Posteriores envíos elevaron el total de piezas AT de 45 mm soviéticas hasta las 135 unidades. Además, en las filas republicanas, se contaron también 15 cañones automáticos Maklen Ob 1917g de 37 mm soviéticos y 22 Bofors de 37 mm suecos.

 

 


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