La 43ª División del Ejército Popular

 

Carlos A. Pérez
Este artículo apareció en el boletín El Miliciano, nr. 9/10 (1997)

 

 

Las memorias, además de proporcionarnos un relato personal, de primera mano, que nos permite entender la realidad de lo sucedido, en ocasiones nos permite seguir las visicitudes de las unidades en las que lucharon nuestros informantes. Este es el caso de las Semblanzas de un combatiente de la 43ª División (de Broto a Puigcerdá, 1936-1939), escritas por Mariano Constante y publicadas por la Diputación de Huesca en 1995.

 

 

 

El autor llegó en mayo de 1937, evadido de zona nacional, a la 130ª Brigada Mixta con Puesto de Mando en Boltaña, Huesca, y formada por unos cuatro mil hombres. La mandaba el comandante Bueno. Aún sin haber cumplido los 18 años, se encuadró en la unidad en la que combatía su padre, quien le consiguió "enchufar" en un puesto alejado del frente. Al poco recibió el uniforme de soldado de la 130ª Brigada: "cazadora marrón de paño grueso, pantalón caqui de los denominados de "golf", botas de montaña, calcetines de lana y un gorro clásico de los que llevaba el Ejército español, que en realidad era la única prenda militar que vestí... De insignias, ni hablar... Esto no era de extrañar, pues tampoco la mayor parte de los oficiales llevaban allí insignias y galones que los distinguieran de los demás... (ésto) me dio tan mala impresión como la que había tenido en los altos de la sierra de Guara al ver a los de la Roja y Negra." [p. 21]

 

La 130ª Brigada Mixta

La 130ª Brigada se había formado recientemente, si bien fue una de las primeras del frente aragonés en estructurarse con bases idénticas a las del frente de Madrid al organizarse el nuevo Ejército Popular de la República. Se formó en base a cuatro "columnas" o "centurias" de milicianos desplegadas en el Altoaragón desde el inicio de la Guerra, y dispuso de todos los servicios inherentes (entre ellos hasta un Cuerpo de Tren motorizado). Las centurias "Alto Aragón", "Cinco Villas", "F.E.T.E" e "Izquierda Republicana" se convirtieron, respectivamente, en los batallones 517º, 518º, 519º y 520º. En la práctica, los batallones seguían identificándose por su nombre primitivo y no por el numeral asignado. Por este motivo, la brigada tuvo durante todo el conflicto un carácter de unidad formada por voluntarios ya que apenas recibió personal movilizado.

El sector que cubría la 130ª Brigada iba desde la ermita de Santa Elena, sobre Biescas, hasta el puerto de Monrepós, encima de Arguis. Un frente que, por lomas, puertos y barrancos, tenía más de cien kilómetros. El 517ª Batallón "Alto Aragón" ocupaba desde la ermita antes mencionada hasta los alrededores de Gavin, el 518º "Cinco Villas" desde Gavin hasta Berbusa y Oliván, el 519º "F.E.T.E" defendía el pico de Oturia y el puerto de Santa Orosia, encima de Yebra, y el 520º "Izquierda Republicana" desde el río Basa hasta Monrepós. La brigada disponía de una sola batería de artillería, denominada "la novena", que tan pronto estaba en un lugar como en otro, según se necesitara y de una sección de caballería. La cantidad de munición de que disponía no era muy importante. Entre los servicios, la brigada disponía de una Compañía de Depósito, que el autor define como "los servicios que tenían la misión de acoger a los nuevos soldados destinados a nuestra unidad, así como a los que regresaban de los hospitales una vez curados para ser reincorporados a los batallones, que necesitaban de ellos por falta de plantilla. Los recién llegados, los "quintos" como dábamos en llamarlos, eran instruidos por media docena de guardias civiles que les enseñaban a marcar el paso, la instrucción militar y el manejo de las armas." [p. 116]

Los orígenes de las centurias milicianas recién militarizadas eran bien distintos. El ahora batallón "Alto Aragón" estaba formado por gentes de Jaca, Canfranc, Biescas y otros lugares de la comarca además de algunos navarros, todos evadidos de la zona nacional desde el comienzo del conflicto. El "Cinco Villas" lo formaron naturales de esa comarca de la provincia de Zaragoza, también pasados de la otra zona, así como aragoneses llegados de Barcelona. Los componentes del "F.E.T.E" eran todos maestros nacionales, la mayoría aragoneses con unos pocos catalanes, que se encuadraron en esta columna creada por la Federación Nacional de Trabajadores de la Enseñanza. El "Izquierda Republicana" estaba constituido por aragoneses de todas las comarcas, en un principio mayoritariamente afiliados de ese partido político, pero a los que se le habían unido otros republicanos opuestos a la política seguida por la anarco-sindicalistas en aquellos pueblos que controlaron.

En los flancos de la 130ª Brigada se desplegaban otras dos unidades. En el derecho, desde el balneario de Panticosa hasta la frontera francesa se encontraba el "Regimiento Pirenaico", formado íntegramente por catalanes, esquiadores, que habían partido de Sabadell encuadrados ya como una unidad militar dependiente exclusivamente de la Generalitat catalana. Había además una unidad de carabineros mandada por un capitán que tenía la misión de vigilar la frontera, en especial el paso de Bojaruelo y el valle de Ordesa. A la izquierda de la 130ª se situaban los "Aguiluchos", un grupo salido de la columna anarco-sindicalista "Roja y Negra". Al respecto de estas otras unidades, el autor describe perfectamente las relaciones con sus vecinos y que arrojan luz sobre la realidad del Ejército republicano. Del "Regimiento Pirenaico" catalán dice que al ser una unidad independiente los contactos con ella eran raros, reducidos a los de los respectivos mandos, pero que pronto percibió el fuerte antagonismo regional, político y hasta personal. Con los "Aguiluchos" el distanciamiento era aún mayor: "se decía que eran unos incontrolados... De cómo funcionaba aquella centuria se sabían muy pocas cosas, como si una frontera hubiera separado a los de Izquierda Republicana de ellos; por lo que oía, me parecía otro mundo ya; incluso habían tenido líos más de una vez cuando unos y otros iban a las aldeas de aquella zona en busca de ganado para requisar; se rumoreaba, además, que habían abandonado algunas de sus posiciones durante los sucesos del 1º de mayo de 1937 en Barcelona..." [p. 28]

Al autor lo destinaron inicialmente a la compañía de Intendencia, que la formaban unos 120 hombres distribuidos en varios destacamentos. En Boltaña estaba el almacén principal y en Laguarta, Fiscal, Broto y Yésero, los depósitos de socorro, o sea, los puntos donde las tropas podían aprovisionarse en caso de necesidad urgente o de quedar incomunicados. Esta red de puestos parece responder más a la iniciativa del jefe de Intendencia que al cumplimiento de las directrices al respecto. Los de Intendencia eran aragoneses, procedentes del "Izquierda Republicana" a causa de su edad avanzada que se ocupaban de los almacenes, y catalanes encargados de hacer el pan para toda la brigada, para el "Pirenaico", para los carabineros de la frontera y para los aviadores del campo de Planduviar, situado junto a Broto. El autor resalta la pertenencia a casi todos los grupos políticos de los miembros de la compañía, así como la presencia de varias milicianas, a la que no duda en calificar como de problemática por los continuos follones y líos que armaban.

En cuanto a la disciplina, el autor la compara con la que se encontró cuando ingresó en la escuela de tanques de Granollers. Ni comparación con la de la 130ª. Allí había un instructor soviético que además de no saber nada de castellano pasaba de quejas o sugerencias. "De verdad que allí era todo lo contrario de lo que había visto en el frente de Aragón; no solamente se hacía vida de cuartel con los rigores militares, sino que las actividades se asemejaban a las de un centro de trabajos forzados." [p. 33]

Las primeras semanas fueron de una tranquilidad casi absoluta, en las que las bajas se debieron sólo a enfermedades. Pero la situación comenzó a cambiar con el nuevo gobierno de Juan Negrín, desde junio de 1937. Para empezar, un día llegó hasta Boltaña la primera remesa de material bélico que se recibía desde el inicio de la Guerra: fusiles, fusiles-ametralladores, unas cuantas ametralladoras Maxim, municiones, etc, todo de procedencia soviética. Hasta unos nuevos camiones, rusos y americanos, que equiparon al Cuerpo de Tren. Con todo ello se consiguió completar la plantilla de toda la brigada: desde las secciones compuestas por 30-35 infantes que hasta ese momento habían dispuesto de apenas una docena de mosquetones, hasta la Compañía de Depósito en donde se instruía y entrenaba a los soldados. Llegaron también dos asesores rusos con los que se entendían a duras penas por cuanto ni ellos sabían castellano ni había traductor.

 

La 43ª División

También se extendían noticias de que se estaba reorganizando todo el frente aragonés. Antiguas columnas milicianas eran sustituidas por nuevas unidades del Ejército Popular. Así, una cierta noche llegó hasta Boltaña en camiones la 72ª Brigada Mixta, veterana de Guadalajara. El mando había decidido formar una división con las dos brigadas existentes y una tercera que habría de crearse. El Puesto de Mando de ésta se trasladó a Broto ya que en Boltaña quedaría el de la nueva división. Las órdenes se cumplieron con rapidez y celo. En veinticuatro horas se había formado la 43ª División del Ejército Popular, mayoritariamente aragonesa, constituida por las brigadas 72ª, 130ª y una nueva a formar en los siguientes días y que sería la 102ª. Los oficiales y suboficiales de las dos brigadas que habían demostrado sus méritos en organización y/o combate fueron inmediatamente ascendidos y pasaron a formar los cuadros de la nueva brigada. A éstos se les unieron algunos tenientes llegados de la Escuela Popular de Guerra. La tropa se formó con algunos soldados de la 72ª y unos 2.000 movilizados de las quintas de 1933 y 1934. Además, el "Regimiento Pirenaico" se disolvió. Los hombres que pertenecían a quintas todavía no movilizadas fueron licenciados y los que sí estaban movilizados se distribuyeron entre las compañías de la nueva división. En los tres días siguientes varió el despliegue. A la 130ª Brigada le correspondió el sector más septentrional, no lejos de la frontera; a la 72ª el comprendido entre Monrepós y el puerto de Santa Osoria; y en el sector de Orna se desplegaría la 102ª en cuanto acabase su periodo de instrucción. "Así nació, a primeros de junio de 1937, la 43ª División del Ejército Popular de la República." [p. 39]

A los pocos días, llegó a Broto una Compañía de Servicios Especiales que dependía directamente del Estado Mayor del Ejército del Este y que estaba mandada por el capitán Anguita. Era su misión infiltrarse en la retaguardia enemiga con objeto de volar objetivos militares, hostigar y recoger información. Los mandos eran andaluces, catalanes y valencianos, y la tropa en su mayoría andaluces, casi todos mineros de Almadén y Pozoblanco pertenecientes al PCE y a la CNT. Vivían en una ambiente de lucha continua que los hacía apartarse del resto de los soldados y que les reportaba diferente sueldo, comida y armamento. En contraste, el autor resalta la ausencia de altoaragoneses en esa unidad, precisamente de aquellos que mejor conocían el terreno que pisaban. [1]

Durante este mes de junio, la 43ª División sufrió su primer revés militar cuando por sorpresa los nacionales asaltaron una posición defendida por un grupo de ex pertenecientes al "Pirenaico" desde la que se controlaba el puerto de Santa Orosia. La escasa combatividad demostrada por los catalanes y su negligencia ocasionó que el jefe de esa posición fuera sometido a Consejo de Guerra y condenado a muerte. Y en agosto, el 517º Batallón "Alto Aragón" fue requerido al frente de Zaragoza con motivo de la ofensiva que el Ejército Popular lanzó contra la capital aragonesa. Envuelto en los duros combates del sector de Villamayor, regresó al Pirineo con sólo 332 hombres útiles de los 674 que habían partido.

Con algunos meses de existencia a sus espaldas, en la noche del 22 al 23 de septiembre, la 43ª División al completo inició una ofensiva que tenía como principal objetivo Sabiñánigo. La 72ª Brigada, parte de la 102ª y algunos blindados llegados de Belchite atacaron en el sector de Orna; mientras que la 130ª Brigada se ponía en marcha veinticuatro horas más tarde al sur de Biescas. En un primer momento, las unidades de la división rompieron el frente, cruzaron el río Gállego y avanzaron hacia Sabiñánigo. Pero la resistencia ofrecida por las tropas nacionales, así como la llegada de refuerzos, pronto paralizaron el avance republicano. En concreto, el "Alto Aragón" ocupó el pueblo de Gavín tras dos días de intensos combates. La ofensiva de la división se detuvo tras alcanzar parte de los objetivos: la 72ª Brigada cortó el ferrocarril Zaragoza-Canfranc y la 130ª Brigada ocupó Biescas. Con los refuerzos recibidos, los nacionales contraatacan pero no consiguieron recuperar el terreno perdido.

La dureza del invierno de 1937-38, se sintió especialmente en el frente pirenaico de la 43ª División. Si bien apenas se registró actividad bélica, los esfuerzos por mantener abiertas las comunicaciones entre las unidades del frente y los servicios de la división, se convirtieron en encarnizadas luchas con el "general invierno".

Pero con la primavera llegó una segunda etapa en la historia de la 43ª División. En marzo de 1938, el Ejército Nacional iniciaba su ofensiva de Aragón, si bien, en otros sectores que el de la 43ª División. Sólo el 22 de marzo, la división se vió fuertemenete presionada por las fuerzas nacionales que atacaban por el sector de Huesca. El 518º Batallón "Cinco Villas" fue trasladado como refuerzo a este sector, pero para cuando llegó, la retirada de la tropas republicanas se había convertido en una desbandada, hasta el punto que el grupo de Intendencia de  la 130ª Brigada que salió tras el "Cinco Villas" poco después de su marcha no pudo encontrarlo. Los nacionales se acercaban rápidamente a Barbastro. Para el autor, la bisoñez de algunas unidades republicanas habían facilitado el descalabro, "...porque, sin menospreciar los buenos cuadros militares que poseía la 31ª División, para nadie era un secreto que esta unidad, creada a raíz de la reorganización del Ejército Popular en Aragón, tenía fallos de orden diverso y carecía de mandos suficientemente aguerridos que pudiesen compararla con otras unidades que llevaban más tiempo bregando en primera línea." [p. 144]

Los nacionales siguieron avanzando tras ocupar Barbastro, cruzaron el Cinca y aislaron, prácticamente, a la 43ª División del resto del X Cuerpo, que huía hacia Cataluña. El comandante de la división, el "Esquinazau" ordenó a sus unidades replegarse sobre el Pirineo, en concreto sobre el valle de Bielsa, a donde sólo se podía llegar a través de caminos y sendas de montaña sólo hábiles para recorrerlos a pie y que serpenteaban cimas de más de 2.500 metros y precipicios de varios centenares.

 

La bolsa de Bielsa

Una vez tomada la decisión de atrincherarse en el valle de Bielsa, el mando de la división inició los preparativos de defensa. La bolsa iría desde el Posets en el este hasta el Monte Perdido en el oeste, pasando por Escalona y Laspuña al sur. Al norte, la frontera francesa. Así, se confió a la 102ª Brigada ("considerada la más débil debido a su reciente creación y a su personal, menos aguerrido" [p. 169]) el sector menos vulnerable, por el que no esperaban ningún ataque enemigo: iba desde las alturas del valle de Estós, encima de Benasque, hasta los puertos de Cotiella pasando por el macizo de Posets. La 72ª se desplegó a continuación, desde Cotiella hasta Laspuña, junto al Cinca, tras pasar por Badaín y Peña Montañesa. La 130ª defendió desde el Cinca, en torno a Escalona, hasta los picos de Tres Orores y Monte Perdido, pasando por los valles de Vellós y Añisclo.

El mando estimaba la zona del Cinca como la más propicia para el ataque nacional. Allí se desplegaron las mejores unidades de la división, así como las dos baterías disponibles: la 9ª en Escalona y la 7ª entre Saravillo y Plan. Los servicios (Intendencia, Municionamiento, Transmisiones, Sanidad, Cuerpo de Tren) se redujeron a lo imprescindible. Además de los miembros de la 43ª División, se encontraban presentes el personal del campo de aviación de Pladuviar, carabineros de Bujarelo, Torla y Bielsa, y algunos "recuperados" de unidades que se habían retirado hacia Cataluña. La mayoría de la población civil optó por cruzar a Francia. Y una emisora en lo alto del puerto de Parzán mantenía el contacto con las autoridades civiles y militares de la República.

Las comunicaciones interiores se basaban en una única carretera que comunicaba Bielsa con Escalona. Un camino vecinal iba desde Salinas a Plan y a través del puerto de Bielsa se podía llegar a Francia a través de un estrecho sendero sólo útil para personas y mulos durante el verano. Las autoridades francesas negaron desde el primer momento cualquier posibilidad de transporte de víveres o municiones hasta la 43ª División por territorio galo. Sólo accedieron al tránsito del correo y a las vituallas proporcionadas en solidaridad por organizaciones francesas.

A primeros de mayo de 1938, con la llegada de la primavera, el tiempo mejoró. Aumentó la temperatura y, excepto en el puerto de Bielsa, desapareció la nieve. Los infructuosos, y esporádicos, ataques nacionales habían ido consumiendo las reservas de municiones de la 43ª División. [2] Así, sin obuses para sus piezas, los artilleros se habían incorporado como infantes a las posiciones del frente. Los servicios también fueron aportando reemplazos con que cubrir las escasas bajas de las unidades de infantería a medida que las existencias fueron agotándose. A mediados del mismo mes, se produjo la inesperada visita del Jefe del Gobierno de la República, Juan Negrín, y del Jefe del Estado Mayor del Ejército Popular, el general Vicente Rojo. Sin duda, esta visita ayudó a levantar la moral de los miembros de la división. Además, Negrín se comprometió para proponer a la división para la más alta condecoración de la República: la medalla colectiva del Valor. Poco antes de marchar, Negrín arengó a sus soldados con una consigna: ¡resistir!

El 9 de junio de 1938, justamente tres meses después de formarse la bolsa, se inició el definitivo ataque del Ejército Nacional. Un tremendo bombardeo por parte de la numerosa artillería y de la aviación obligó a la 72ª Brigada a rectificar su línea y a la 102ª a retirarse de algunas posiciones importantes. Sólo la 130ª aguantó el embite. Al final, la 102ª cedió las localidades de Plan, Serveto y Sin, lo que obligó al repliegue de la 130ª. Para el día 14, las municiones se habían, prácticamente, agotado: las dos ametralladoras "Maxim" improvisadas como defensa antiaérea dejaron de disparar. Y la situación de la 102ª era cada vez más preocupante. El día 16, la presión nacional se hizo insoportable para la 43ª División y el teniente coronel Beltrán, el "Esquinazau", ordenó su repliegue hacia la frontera francesa. Ese mismo día, a medianoche, los últimos soldados de la 43ª División abandonaban su bolsa.

 

En Cataluña

De los 9.500 hombres iniciales (7.500 pertenecientes a las tres brigadas de la 43ª División), el autor calcula en unos 8.000 los que cruzaron a Francia. Allí, tras ser desarmados, un comité internacional ofreció a cada uno de los combatientes la posibilidad de regresar a cualquiera de las dos Españas. La mayoría optó por la republicana y unos trescientos por la nacional. Inmediatamente embarcados en trenes, el grueso de la 43ª División llegó a Port-Bou. Ya en un tren español, fueron trasladados a Figueras. Allí, las unidades de la división fueron repartidas por localidades y acuartelamientos de la provincia gerundense y agasajados por la población civil. Sus miembros, pertenecientes a la división que los medios de propaganda republicanas habían bautizado como "La Gloriosa", recibieron un mes de permiso, y la unidad en su conjunto, la prometida medalla del Valor.

Pero no todo fue tan positivo. El regreso a España les introdujo en la vorágine de enfrentamiento entre los diferentes partidos republicanos y la 43ª División, se convirtió en blanco de una campaña de desprestigio por parte de los más anticomunistas. A ojos de los demás sectores republicanos, especialmente el socialista de Indalecio Prieto, la 43ª División era una unidad comunista, cuyos jefes (la mayoría militantes del PCE) habían caído en el sectarismo. El autor describe esa sensación de rechazo, incluso de envidia, que todos los miembros de la unidad sintieron en Barcelona. Rechazo que en más de una ocasión finalizó en peleas en cafés y lugares públicos. Tal era la situación, que el mando suspendió los permisos y los soldados regresaron a sus unidades en reorganización.

 

La 55ª División

La reorganización de la 43ª División en julio de 1938 fue mayor de lo esperada. La mitad de sus jefes, oficiales, suboficiales y soldados veteranos pasaron a formar los cuadros de una nueva unidad: la 55ª División. Reemplazos de las quintas de 1931, 1932 y 1933 completaron las plantillas de las dos unidades. Pese a la libertad dada al teniente coronel Beltrán para distribuir a sus hombres como deseara y para ascender a quien considerara necesario, las plantillas de oficiales no se completaron. El comandante de la nueva división fue el anterior Jefe del Estado Mayor de la 43ª, el muy capaz teniente coronel Ramírez, y sus brigadas fueron numeradas como 176ª, 177ª y 178ª. El autor fue destinado a la 177ª Brigada como teniente de Pagaduría. En su labor por organizar la nueva unidad "las dificultades se sucedían sin descanso. Los hombres llegaban muy poco a poco, el material de transporte era casi inexistente, sólo el armamento (fusiles y ametralladoras) lo teníamos a profusión pero sin balas... En cuanto al entrenamiento de los quintos, suponía un calvario para los responsables debido a la apatía que mostraban y a su poca voluntad, como si nada tuviesen que ver con aquella lucha que llevábamos... La instrucción no se había terminado a mediados de agosto, lo que no impidió al mando supremo trasladarnos al frente." [p. 267] La 55ª División fue destinada al sector de Balaguer (casi al mismo tiempo, la 43ª marchaba al Ebro), [3] en donde los durísimos combates pronto diezmaron a la 177ª Brigada que tuvo que ser retirada para ser reorganizada de nuevo: "esta vez nuestra reorganización no se efectuó y nos llevaron a la retaguardia. Como en un navío que hace agua se intentaba tapar las brechas como se podía... Los remiendos se hicieron rápidamente y a primeros de septiembre fuimos trasladados de nuevo toda la 55ª División al sector que iba de Tremp y Sort a Llavorsí y a las famosas "Piedras de Aolo", posición ésta muy difícil de defender." [p. 268] De nuevo al Pirineo, esta vez catalán.

El 23 de diciembre de 1938, el Ejército Nacional inició su ofensiva sobre Cataluña. Al tiempo que caía Barcelona, el 26 de enero, la 55ª División se había replegado a Berga, ya que como dice el autor: "Nuestra brigada había tenido muchísimas bajas en aquellos combates, a tal punto que sus efectivos habían disminuido en cerca de un 50%, lo que obligó al mando a llevarla un poco más atrás para reorganizarla." [p. 305] Por esos días, la división recibió órdenes de retirarse sobre Puigcerdá. A nadie se le escapaba que el destino era nuevamente Francia.

 

 

Notas

[1] El Ejército Nacional también creó unidades especiales. El autor cita la confesión de un prisionero hecho durante los combates: “Nos manifestó que aquella unidad fascista era una compañía de esquiadores –de ahí que fueran vestidos con uniformes blancos– denominada Las Panteras del Valle del Tena. Desde que había sido formada había permanecido siempre en lugares donde no existía frente o línea de fuego establecida, por las alturas de Sallent de Gállego. Al iniciarse la retirada había recibido órdenes de ocupar el valle de Ordesa y los picos vecinos, que habían escalado presentándose así delante de Fanlo, sin saber casi por dónde andaban… Iban armados todos con pistolas ametralladoras muy modernas de origen alemán, con cargadores de 32 balas; estaban soberbiamente equipados en todo y llevaban víveres y municiones para poder atacar durante una semana. La unidad la componían unos 140 hombres, en su mayoría falangistas y requetés voluntarios, donde eran mayoritarios los navarros y altoaragoneses…”. [p. 161]

[2] A la hora de rechazar estos ataques, por iniciativa del jefe de la división, el Esquinazau, las tropas republicanas pusieron en práctica en varias ocasiones un ardid que les reportó buenos resultados: “De costumbre, tanto fascistas como republicanos, cuando tenían que abandonar posiciones prendían fuego a todo lo que se abandonaba: casas, corrales, trincheras, nidos de ametralladoras, etc.; así el adversario se veía imposibilitado para avanzar durante algunas horas, si bien después lo hacía confiado de ir a ocupar posiciones abandonadas. Era, en suma, la táctica de la “tierra quemada”. El jefe de la división… dio orden de prender fuego a todo lo que podía quemarse en trincheras y parapetos, guareciéndose nuestros soldados de aquel fuego en agujeros cavados en la tierra o en las propias trincheras. No debería dispararse un solo tiro cuando apareciese el enemigo a descubierto, sino dejarle llegar hasta las proximidades de nuestras posiciones.” [p. 175-176]

[3] El regreso casi completa de la 43ª División a España permitió realizar el deseo del general Rojo de crear una reserva general del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO). Así, el 11 de julio se constituía el XXIV Cuerpo al mando del coronel Jesús Pérez Salas y que estaba formado por las consabidas divisiones 43ª y 55ª, además de una nueva, la 62ª. La 43ª División fue activada a finales de agosto y enviada al frente del Ebro, en concreto a la sierra de Caballs. Se encuadró en el V Cuerpo de Líster junto a las divisiones 11ª y 46ª. Tras la derrota en el Ebro, la 43ª División volvió al XXIV Cuerpo, que ahora mandaba el teniente coronel Buxó, y que defendía el último tramo del Ebro hasta su desembocadura. Amenazada por el rápido avance de las tropas nacionales hacia Tarragona, la división realizó una veloz retirada a lo largo de la costa que sólo finalizó en Francia.

 

 


Belli Ludi © Copyright Carlos A Pérez 2007
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